¿Qué es el bullying?
Carmen Cabestany, presidenta de NACE, nos explica qué es el bullying
Soy Laura, responsable de redes sociales en NACE y encargada del montaje de nuestro programa de radio “La voz del silencio”. Además, colaboro en la representación de NACE en eventos y actividades, trabajando estrechamente con nuestra presidenta, Carmen Cabestany, “el ángel para los niños”. Me dedico apasionadamente a la fotografía, especializándome en macro e infrarroja, y desarrollo contenido creativo, colaborando con marcas de teléfonos y empresas de software de edición para testeo y afiliación. Tengo vocación por la enseñanza, ofreciendo clases online y presenciales, además de compartir conocimientos en mis redes y en YouTube. En mi tiempo libre, relato mi experiencia con patologías visuales en YouTube para apoyar a otros y fomentar comunidad. Soy comprometida, sencilla, humilde y busco siempre mi lugar en la creatividad y el mundo audiovisual.
Sufrí acoso escolar y a raíz de un trabajo fotográfico que hice sobre el tema, me animé a contactar con asociaciones porque mi interés era ayudar a los niños y familias, como no hicieron conmigo y NACE
Una etapa muy dura, llena de bajones emocionales, muchísimo esfuerzo mental, desgaste psicológico y muy pocas alegrías. No obtuve nada de ayuda, tuve que esforzarme muchísimo para estudiar con una gran discapacidad visual que no quisieron reconocerme hasta la edad adulta, por lo que tuve muchos problemas para seguir las clases, ver la pizarra y a la vez comprender los contenidos y aprender. Además, luchaba contra el monstruo del acoso escolar y todo era muy difícil. Poca empatía entre el profesorado y muchas dificultades para mí.
¿Qué tipo de estudiante eras? ¿Tenías intereses o aficiones destacadas?
Comencé la etapa escolar con ilusión, pero el acoso hizo que esa motivación se fuera apagando cada curso, hasta tener que luchar contra mi mente para poder estudiar y concentrarme, llegando a aprender de forma mecánica y con gran dificultad. Mis intereses fueron siempre un refugio: la música y, desde primero de ESO, la informática, que soñaba estudiar, además de los videojuegos con mis hermanos y los coches compartidos con ellos. Son recuerdos muy valiosos. Mis asignaturas favoritas fueron Dibujo, Informática, Tecnología, Música y Biología; y aunque no lo parezca, los audiovisuales y la medicina siguen siendo mis grandes espinitas profesionales.
¿Había algo de esa época que recuerdes con cariño?
Mmmm, me cuesta pensar en esa época y recordar algo con cariño, la verdad. Tuve mucho dolor en mi corazón, pero si que recordaré siempre que en la clase de dibujo, en 4º de ESO, pude hacer y revelar fotografía analógica. Al entrar en laboratorio, mi cabeza entraba en calma y paz. Incluso los acosadores se olvidaban de molestarme- Es el mayor y único gran recuerdo bonito que me llevo de esa época: mi primera conexión real con la fotografía.
Desde que en primero de párvulos me querían obligar a darme un beso en la boca con un compañero que pasó a ser el líder del acoso que yo sufrí. Pasaron muy pocos días desde que entré en clases hasta que empezó el acoso, con insultos continuados por mis patologías visuales.
En esos 12 años viví literalmente un infierno.
El acoso provocó un profundo impacto emocional marcado por dolor, ansiedad, agotamiento, soledad, rabia e impotencia, junto a insultos, aislamiento social y agresiones físicas y materiales, como romper gafas, robos o la pérdida de pertenencias. Estas experiencias generaron fobia social y dificultad para mirar a las personas a la cara hasta la adultez. En primaria sufrí un grave episodio de retención por parte de alumnos mayores que me impedían entrar en clase, lo que derivó en miedo al contacto físico. Más adelante, en 4º de ESO, vivi un intento de ahogamiento en una piscina, una experiencia extrema de indefensión de la que logré salir sin apenas recordar cómo escapé.
Mi madre: la primera en enterarse porque yo era llegar a casa y explotar. Gracias a eso me pudo apoyar- Seguidamente, ella se lo transmitió a mi padre, que trabajaba fuera entre semana, y tuve
El impacto emocional fue enorme: curso tras curso resultaba muy difícil controlar la tristeza, hasta que en la ESO aparecieron pensamientos de querer desaparecer para dejar de sufrir, aunque sin autolesiones ni ideación suicida. En 4º de ESO incluso fui acusada injustamente de robo, algo que pudo aclararse demostrando que el objeto era un regalo familiar. A nivel académico, el sufrimiento afectó al aprendizaje y la memoria, con fuertes dolores de cabeza y dificultades de concentración; pese a ser responsable y disciplinada, aprobar supuso un gran esfuerzo. Todo ello implicó cargar con una pesada mochila emocional además de la escolar.
En mi época no había las herramientas ni la guía que existen hoy, y ni mis padres ni yo recibimos ayuda profesional; nadie nos apoyó. Sin embargo, gracias al amor y respaldo de mi familia —mis padres, hermanos y abuelos— y de amigos cercanos, pude salir adelante. El mejor amigo de mi hermano se implicó muchísimo conmigo, y mi mejor amiga de toda la vida me sostuvo, me agarró la mano y nunca me soltó; su amistad y apoyo, invaluables, siguen siendo parte de mi vida. Tras acabar la etapa escolar, otra amiga que estudiaba en cursos distintos siempre estuvo allí para protegerme del acoso fuera de clase; otra amistad que también perdura. A Roberto, Sonia y Samantha, siempre les guardaré un cariño enorme; tienen un lugar especial en mi corazón.
El acoso dejó profundas secuelas emocionales y sociales: el miedo al rechazo me llevó a advertir desde el inicio a mi pareja sobre mi discapacidad visual y me dificultó mirar a los demás a los ojos, incluso a profesores, amigos, compañeros o clientes. Durante años reaccionaba con retraimiento ante grupos de personas, activando una actitud de protección y ocultamiento que persistió hasta bien entrada la edad adulta. También me costaba hablar en público y relacionarme en grupo, interpretando las risas ajenas como burlas hacia mí, una consecuencia directa del acoso escolar, que generó importantes carencias emocionales.
Jajajaja, gran fotógrafa, wwwooooww gracias, me sacas los colores. Ha sido el proceso más bonito de mi vida. Conecté por primera vez en el instituto, como comenté anteriormente, y jamás imaginé que me llevaría tantas alegrías, sorpresas y amistades como tú, Antonio. Mi amor por la fotografía nació en 6º de primaria, con mi primera foto durante un viaje tras ganar un concurso nacional. Desde entonces, he ido avanzando: compacta, bridge y finalmente mi primera réflex, que compré ahorrando en tiempos difíciles, justo cuando debía cubrir mi primera boda y bautizo. Un camino lleno de aprendizaje, momentos mágicos y retos creativos, pero también el más apasionante de mi vida.
Por supuesto, dedicar tiempo a intereses personales permite desconectar de la negatividad diaria, fomenta la creatividad y el desarrollo neurológico, y ayuda a gestionar emociones negativas, reemplazándolas por calma, paz y alegría, aunque sea de forma temporal. Además, refuerza la autoestima al mostrar que uno puede lograr más de lo que creía. Gracias a la fotografía, soy quien soy y como soy. Me ayuda a tener más confianza en mi y fuerzas que no tenía.
De los acosadores, ninguno me pidió perdón Guardo mucho dolor, y un perdón no me solucionaría nada.
Pero después de más de 20 años, recibí un mensaje de mi tutor de primaria pidiéndome perdón por no haber percibido ni detenido el acoso escolar que sufrí. Aunque el perdón no borra el daño ni las secuelas, su mensaje, cargado de cariño y reconocimiento, me emocionó y me ayudó a encontrar algo de calma emocional, mostrando cómo un gesto tardío puede impactar en la gestión de las emociones.