Hace unos meses varios miembros de NACE fuimos a ver el preestreno del cortometraje “Cuando nadie vigila” dirigido por Aran Gaspar. El corto es muy impactante y plasma perfectamente el terrible sufrimiento de las víctimas de acoso escolar. Así que le propusimos a Aran realizar una entrevista para esta página web, y muy amablemente contestó que sí. Aquí va la primera parte
¿De dónde eres? , ¿Que formación académica tienes?, ¿Qué profesión tienes? Hablamos un poquito de ti, tus aficiones…
Me llamo Aranzazu Gaspar, todos me llaman Aran, aunque en mi infancia y familia soy Arancha. Nací en un pueblo de León, en la Bañeza, en el seno de una familia maravillosa en la que la figura paterna me marcó mucho. Mi padre me enseñó sus todos sus valores, el esfuerzo y trabajo, lo que representa el honor y la honestidad y el trabajar duro por los sueños desde abajo y una misma. Tuve esa gran suerte, ser una mujer educada por un gran hombre. Ahora que mi padre y mi madre me faltan (a mi madre la perdí repentinamente en el proceso de montaje del corto y fue muy duro) tengo a mi hermana y mi hermano que son todo para mi.
Desde pequeña me gustó estudiar y sobretodo el dibujo, la escultura y la pintura, todo lo que tuviera que ver con el arte y el teatro. Decía que quería ser dibujante de las películas de Disney. Bastante soñadora y muy creativa, no encajaba mucho con la mayoría de compañeros del colegio. Mi mente siempre estaba en irme fuera a estudiar y ver otros mundos. Me refugiaba en la lectura de novelas de terror, en mi padre y en un par de amigos que tampoco encajaban mucho como yo.
Estudié los 5 años Bellas Artes en la Universidad de Salamanca, donde descubrí la asignatura optativa de Audiovisuales que despertó el deseo en mi por la dirección de arte. Al terminar Bellas Artes me matriculé en la licenciatura de Comunicación Audiovisual, pues no existían estudios específicos de dirección de arte o caracterización aún en España. Apreté codos y me saqué los 5 años en 2 años y terminé haciendo las prácticas en una productora de cine religioso como directora de arte de la que acabé contratada en muchas de sus películas, todas de época, creando decorados de la nada con un presupuesto muy humilde. Esto me llevó a que Ivone Blake, antigua directora de la Academia de cine, se fijase en mi y me invitase a ser miembro de la Academia de la cual soy.
Posteriormente me saqué el Máster de Profesor para poder dar clases en formación reglada en el ámbito de la caracterización de personajes donde fui pionera como docente reglada y en activo.
Mi paso de directora de arte a maquilladora protésica o caracterizadora vino dado por mi espíritu inquieto y mi gusto por la escultura desde niña. Echaba de menos la escultura en mi profesión y poco a poco me fui especializando y cambiando a maquillaje de efectos especiales. Cuando esto pasó no había estudios ni formaciones regladas, nadie te enseñaba en condiciones y ni siquiera llegaban a España muchos de los materiales que hoy en día usamos. Se puede decir que en el campo de la caracterización soy autodidacta.
Estoy enamorada completamente de mi profesión, me encanta crear personajes a través de las prótesis, el maquillaje y la caracterización pero en España hasta ahora no hay muchos proyectos en los que intervengan criaturas protésicas (por suerte esto está cambiando y vamos a mejor). Soy una mujer que lucha en un mundo difícil de acceder y de orígenes humildes y sin ninguna ayuda más que mi trabajo.
¿Qué te llevó a elegir el acoso escolar como tema para tu primer cortometraje?, ¿Había algo en tu propia experiencia, entorno o sensibilidades que te empujara a contar esta historia?
Siempre he sentido una empatía enorme por las injusticias y más cuando son hacia alguien vulnerable como lo es un niño o una persona anciana, por ejemplo. Creo que en esto sale la educación en valores de mi padre.
La verdad es que pasaba por un momento de haber salido de una situación de acoso continuado durante años en mi trabajo por parte de otro profesor y de la dirección del centro, lo cual me llevó a dejar
mi trabajo y estaba en un momento de reflexión de todo lo que me había pasado.
Sentía la necesidad de sacar, de plasmar ese monstruo que sentía conmigo, de vomitarlo al mundo como un grito de ¡BASTA!
Cuando creo una criatura la siento siempre y siempre se lleva una parte de mi y de mi corazón. El caso es que rondando estas circunstancias me topé con una antigua noticia de acoso escolar hacia un niño. Más bien me encontré con la carta que dejó a su familia antes de suicidarse, y me impactaron tanto sus palabras que no pude dejarlo pasar, tuve que empezar a investigar a fondo este tipo de casos y otros de bullying y documentarme a fondo de todo el tema desde todas las perspectivas posibles, porque no podía entender como un problema tan importante y tan enorme no se le daba la importancia como sociedad que yo sentía que tenía.
La verdad es que soy una persona muy curiosa y me encanta aprender y documentarme de todo lo posible.
«Me parecía increíble que esos niños tan vulnerables, tan inocentes, sin herramientas para poder gestionar ciertas situaciones que desquician a cualquiera, estuvieran pasando por eso cada día»y el mundo no se parase, que todo siguiera igual. No podía entender cómo como sociedad no estábamos haciendo algo con esto.
Yo tenía que hacer algo y desde donde sé, desde el corazón, desde donde me nace visceralmente ese sentimiento surgió Cuando nadie vigila, un grito contundente que quería lanzar a la sociedad.
De pequeña se meten contigo, en mi caso por empollona y por diferente. Me importaba en cierta medida, me dolía alguna vez, pero la verdad tenía el foco puesto en mi futuro desde niña, en mis libros. Sé que no es lo habitual y ahí tuvo que ver la educación de mi padre. Por eso no me considero una niña acosada, no lo sentí así y no tiene nada que ver con el acoso brutal que me he topado investigando en los casos de estos niños.
De mayor, esa época dando clases sí que lo sentí. Fui fuerte hasta que mi salud me lo permitió y dije basta. Pero era una adulta fuerte y con herramientas. No me destruyó, me hizo mejor. Me hizo dejar los pinceles y dirigir una historia valiente en la que creo.
¿Cómo te afectó emocionalmente trabajar en un tema tan terrible desde el inicio de tu carrera como directora?, ¿Cómo calificarías el apoyo que te ha dado NACE? Háblanos de los problemas de financiación, ¿Cómo se te ocurrió contactar con NACE?
Fue un proceso muy duro. Los meses de investigación y documentación eran duros por las realidades, testimonios y situaciones difíciles que descubrí que vivían muchos niños.
Luego, cuando escribí el guión la cosa no mejoró, empezó otra etapa dura para mi, buscar apoyos para poder rodar. Como quien dice con el guión debajo del brazo, contacté con todas las asociaciones y organizaciones del bullying y acoso que conocía o
alguien me recomendaba. Todas me cerraron las puertas. Descubrí una cara muy oscura de este mundo. Me negué a cambiar mi guión para agradar a algunas, llegué a escuchar que me llamaban racista del bullying porque según ellas me centraba en los casos mediáticos y barbaridades miles. Me daba igual, quisieron callarme, quisieron que cambiara y trampeara la verdad pero seguí defendiendo la historia y los personajes, sin edulcorarlos o desvirtuarlos. Eso me cerró muchas puertas, muchas financiaciones que hubieran salvado la producción, todo hubiera sido más fácil y más para mi primer corto, pero yo quería expresar la historia como era, la verdad.
Hasta que contacté con NACE. La verdad es que después de venir de toda esta batalla fue un rayo de luz, personas increíbles luchando por los niños de verdad, sin maldad, con humildad y desde el trabajo comprometido.
Luego en el pase privado cuando la presidenta de NACE Carmen, y sus compañeros, me dijeron que había plasmado tal cual toda la problemática que envuelve al tema del acoso escolar, sin dejarme nada y siendo fiel a la verdad, sentí un gran honor y agradecimiento por haber luchado tanto porque así fuera. Es el mejor piropo que me van a echar.
Nunca dejé de luchar por este proyecto, por este guión y estos personajes. Creía firmemente en la idea y la historia y la defendí hasta el final. Muchos me decían que era una historia controvertida, plasmada de manera muy valiente y brutal que me toparía con personas que me juzgarían o censurarían por posicionarme o por hablar de esta manera sin tapujos.
Rodar un corto es muy complicado pues no es algo que después
vayas a obtener recuperar la inversión que has puesto ya que los cortos no van a taquilla de un cine ni generan beneficios, si no pérdidas. No tenía apoyo económico de ninguna subvención, estamos hablando que el corto se estimaba en 34.000 Euros el gasto de poderlo llevar a cabo.
Al final monté una campaña de crowfunding en la que conseguí llegar a un mínimo de presupuesto de 4.600 Euros para cubrir algunos gastos, gracias a amigos, familiares, y personas implicadas con la historia de Cuando nadie vigila.
Con esto, el trabajo de un gran equipo técnico y artístico que creyó en el proyecto desde el inicio y el gran apoyo del Ayuntamiento de Noblejas que nos cedieron sus espacios, nos dio de comer en el rodaje y aportó para la edición del cortometraje me lancé a la piscina de rodar al fin el cortometraje.
Tuve la suerte de tener un equipo técnico y elenco de personas con gran calidad humana y profesionalidad. Sin ellos Cuando nadie vigila aún sería letras en un papel y no una realidad.
Por ellos seguí luchando después del rodaje para poder montar el corto y postproducirlo a pesar de mil obstáculos que fueron surgiendo después.
Somos una familia, la familia de Cuando nadie vigila, de la que estoy agradecida y orgullosa, esa es mi suerte, haber hecho esta gran familia que somos todas las personas implicadas en este proyecto, desde equipo a mecenas, elenco y todas las personas que me regalaron su apoyo, trabajo o sonrisa.




